11. Viajar con disautonomía

Mujeres viajando en tren de Mila Santonja 


Después de entender todo lo de las cucharadas y procurar recordarlo día tras día decidimos aprovechar una oportunidad que surgió de la nada y que implicaba poder hacer un viaje familiar, largo y hermoso para pasar Navidad y Año Nuevo fuera de casa.

Los tres (madre e hijos) nos reunimos a hablarlo y decidimos que lo haríamos y que tenía que ser la mejor experiencia para Natalia y no un calvario de taquicardia y mareos. Así que planeamos por semanas el itinerario, los horarios, las actividades, el equipaje.

Hoy puedo compartir dos cosas importantes con ustedes: la primera es la lista de cosas que uno no debe olvidar ni dejar de tomar en cuenta. La segunda es el relato de los incidentes de viaje.

Primero lo primero así que esta es la lista recomendada para el viajero o viajera con disautonomía:
  • Llevar zapatos cómodos y gorro o gorra para el sol sin importar la estación del año que sea.
  • Comprar botellas de agua plegables; no pesan en el equipaje, son prácticas y evitan estar comprando botellitas por todo lado.
  • ¡Cápsulas de sal! 
  • Unos cuantos sobres de suero; no siempre tendremos a la mano una tienda donde se pueda comprar una bebida isotónica y además hay lugares del mundo donde son sumamente caras.
  • Llevar prendas para vestirse en capas y enfrentar el frío terrible o el bochorno súbito.
  • ¡Itinerarios considerados! Una cosa al día: o ves el museo o haces el paseo en el caballo; o subes la pirámide o visitas el lago. 


  • Es preferible viajar en coche, tren o autobús (en lancha o en burro) que en avión; el estrés aeroportuario es agotador. En cambio, en los otros medios, el ritmo es más lento, el viaje se disfruta y no hay taquicardias ni bajadas de presión.


  • Programar un día después de cada tres para no hacer nada más que caminar un poco, comer en un lugar lindo, sentarse en un parque, apreciar la ciudad que uno visita o de plano dormir para reponer energía.
  • En la medida de lo posible, si tu destino te lo permite: ¡comprar boletos, entradas y todo lo que se pueda con anticipación! No hay cosa más desgastante para un disautonómico que hacer filas. Hoy la magia del Internet nos permite comprar y reservar casi todas las actividades en cualquier lugar del mundo ¡hay que aprovechar a San Boleto Virtual!
  • Cargar siempre con algo para comer si fuese necesario: barritas, galletas, fruta, lo que se pueda pero siempre tenerlo en cuenta.
Con estas medidas nos fue muy bien en el viaje sin embargo, no podemos controlar todo y tuvimos un par de incidentes. El primero fue el 22 de diciembre cuando las calles de cualquier ciudad ya están llenas y caóticas; la tarde nos encontró distraídos escuchando a unos músicos en una esquina. Cuando regresamos la mirada a la calle, ¡era una avalancha de gente que caminaba apurada con bolsas y paquetes navideños!



Confieso que entré en pánico y cual mamá histérica regañé a los niños y hasta a los músicos por tardarse. Respiré profundo, recobré la calma y comencé a pensar en un plan de acción para lograr salir de ahí o al menos sobrevivir a la ola humana. Un ajuste presupuestario, un plan alternativo de comida y pronto Natalia y su hermano disfrutaban de deliciosos postres sentados en un café que nos acogió hasta que nos sentimos descansados, con capacidad para planear como salir entre la multitud y con ánimo de hacerlo.


El siguiente incidente fue de terror, lo confieso, tampoco voy a andar escribiendo mentiras. Fue en nuestro vuelo de regreso: desmañanada, estrés de aeropuerto y un avión incómodo que tuvo que sortear una tormenta de viento que agitó ese pájaro de acero cuál si fuera pelotita del sorteo de la Lotería Nacional. Sin más, Natalia se desmayó.

Y sí, amable lector, aunque usted no lo crea, tengo que decirle que nadie, absolutamente nadie nos ayudó; ni sobrecargos, ni pasajeros. Como pudimos mi hijo y yo nos paramos para acostar a Natalia en los tres asientos y elevar las piernas con el equipaje de mano. Viajamos media hora parados y nadie nos dijo nada.

Finalmente un sobrecargo, era un señor ya con sus años, notó que algo no estaba bien y fue a preguntarme si necesitaba algo; con algunas barreras de idioma me entendió, se fue y regresó con agua mineral, agua, cacahuates y todo lo que se le ocurrió. Ahí brilló la presencia de los sueros en polvo pues rápidamente preparé uno y después de unos sorbitos el color fue regresándole a la cara. Más tarde comió un poco y el resto del viaje durmió con la cabeza en mis piernas y los pies en las de su hermano.

Fueron tres semanas intensas pero maravillosas, fue un logro inmenso haber tenido sólo dos incidentes. Hoy mi hija recuerda esa como una de las mejores navidades de su vida y eso paga todas las horas de planeación y los cuidados durante el viaje.




Ese maravilloso viaje nos hizo replantear muchas coas de nuestra rutina. En la próxima entrada le cuento cómo decidimos irnos por la libre.








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