3. Qué es la disautonomía
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| "Una lección clínica en la Salpêtrière" de André Brouillet (1887) |
Sigamos con la historia, si te perdiste la primera parte ve a: "El niño con síncope".
Mi nuevo Dr. House que había encontrado gracias a las pistas de un buen pediatra y a la magia de mi viejo amigo Google nos dijo que creía que se trataba de síncope neurocardiogénico o de forma menos elegante de disautonomía.
¡¡¿Qué?!! Eso de disautonomía me sonaba como a un mal absurdo y mayor que impediría que Natalia fuera algún día autónoma o como dice ella una mujer fuerte e independiente. Por suerte mis alucinaciones baratas no eran más que eso; Natalia será algún día una mujer independiente, fuerte (probablemente más que otras incluida yo) y bella.
La disautonomía o disfunción autonómica es un mal funcionamiento del sistema nervioso autónomo que es el que regula todas esas funciones sobre las que por más que nos esforcemos no tenemos control: respiración, digestión, frecuencia cardíaca.
Ha llegado de nuevo otra cápsula del saber, si esto fuera un video blog ahora se escucharía esa musiquita entre tierna e interesante y muy pegajosa que indica que es momento de poner mucha atención:
El sistema nervioso se suele dividir en dos parte: central y periférico. Sin embargo, hay otra clasificación útil para entender su funcionamiento: somático y autónomo.
El somático está formado por neurona que regulan las funciones voluntarias en el organismo como tacto o movimientos musculares. El sistema nervioso autónomo también se llama vegetativo o visceral y está formado por neuronas cuyo trabajo es regular funciones involuntarias como latido cardíaco, respiración, contracción y dilatación de los vasos sanguíneos, sudor, movimiento intestinal.
Con el tiempo he ido comprendiendo que la disautonomía es como un reproductor de sonido mal ecualizado, la música no se oye como debiera ser. Así, el cuerpo no funciona como se espera pues de alguna manera ha olvidado cómo hacer bien las funciones que solían ser su especialidad; esas de las que no teníamos que preocuparnos.
La disautonomía se manifiesta con muchos síntomas que indican que lo involuntario anda mal: bochornos, taquicardia, mala digestión, mareos, cansancio, visión borrosa, todo junto, unos en un momento otros en otro. La disautonomía en un mal crónico invisible y difícil de comprender; jalas un hilo para ajustarlo y se desajusta otro, el cuerpo necesita muchos cuidados y ayuda para funcionar. Al final de esta entrada les comparto una imagen de la organización Disautonomía México donde viene una larga lista de síntomas.
Para poder diagnosticar la disautonomía existe una prueba llamada "de la mesa inclinada". Y sí, es eso, poner al paciente acostado (y debidamente sujetado) en una mesa que lentamente irá moviéndose hacia una posición vertical para quedar inclinada entre 60 y 80°. Este procedimiento induce un desmayo en pacientes con disautonomía al provocar síncope vasovagal. El paciente puede permanecer así alrededor de 20 minutos y debe informar al médico si tiene mareos, náuseas u otro síntoma.
Para asegurar que todo vaya bien, monitorean ritmo cardíaco y presión arterial de forma permanente y ponen una vía intravenosa para suministrar electrolitos en caso de desmayo.
Natalia fue atada, conectada e inclinada. No llegamos a los 20 minutos ni de broma; a los dos minutos se desmayó ante mi mirada atónita. Confieso que lloré, es un dolor chiquito pero agudo, un dolor que no se explicar pero ver a mi hija así no me gustó nada de nada.
El diagnóstico fue confirmado: Natalia es disautonómica.
Esta historia sigue en: "La Cura de la Disautonomía"



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