2. El niño con síncope

"El Desmayo" de Pietro Longhi (1744)
Sigamos con la historia, si te perdiste la primera parte ve a: "Mi hija se desmaya".

Un pediatra al que le tengo plena confianza me dijo que probablemente Natalia tenía algo en el nervio vago, que él me recomendaba ver a un médico especialista.

Hagamos una pausa para el breviario científico-cultural correspondiente al nervio vago:

El nervio vago también se llama neumogástrico y sus funciones son tan diversas como importantes: ayudar a regular los latidos del corazón, controlar movimientos musculares, mantener la respiración y ayudar a procesar alimentos contrayendo correctamente estómago e intestinos.

Cuando algo anda mal con el nervio vago puede darse una reducción de la frecuencia cardiaca o de la respiración culminando con un desmayo.

La verdad es que sonaba lógico, era algo que tenía que ver con la digestión y con los desmayos; era algo que cuadraba hasta cierto punto.

Google en mano escribí una de esas cadenas inmensas en el cuadro de búsqueda: "niña pubertad náuseas mareos desmayos nervio vago médico México" y pensé en agregarle algo así como "ya no puedo más ayuda por favor".  De página en página, navegando por la agobiante y bella red llegué a un artículo médico llamado "El niño con síncope".

Comencé a leerlo y empezaron a aparecer los síntomas de Natalia, ahí estaban los desmayos, y la palidez, los dolores de cabeza también aparecían junto con los mareos. No podía parar de leer, ni una buena serie de Netflix me podía absorber tanto como esas páginas, ..."estos síntomas generalmente son intermitentes y desencadenados por alguna o varias de las siguientes situaciones: 1. Estancia prolongada en lugares concurridos como iglesias, centros comerciales, mercados, conciertos, manifestaciones o ceremonias escolares. 2. Estancia prolongada en lugares calurosos(...)"

Cuando acabé de leerlo me sentía tan feliz como debe haberse sentido Neil Armstrong cuando pisó la luna. Como buena ciber habitante de este planeta hice lo que obviamente seguía: 'googleé' al autor de tan bello y esperanzador artículo.

La vida me sonrió. Se trataba de un cardiólogo pediatra cuyo consultorio estaba a unas cuantas cuadras de mi casa. Les dije que el diagnóstico estaba, literalmente, a la vuelta de la esquina.

Los dos días que esperamos para acudir a nuestra cita fueron eternos, era como saber dónde estaba la piedra filosofal y no poder ir por ella.

Al entrar al consultorio, no nos habíamos ni acomodado cuando el médico nos dijo: "Les apuesto que vienen porque Natalia se marea y se desmaya sin causa aparente". Lo supo de tan sólo verle las ojeras y la coloración de piel y labios.

Ese día, por primera vez, oímos hablar de la disautonomía.

Sigue la historia en: "Qué es la disautonomía"

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